El valor a los demás, una enseñanza de Jesús!

“Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia.”

Colosenses 3:12

Todas las cosas que nos rodean, aún las más pequeñas, son dignas de que sean valoradas; las personas con quienes convivimos, las que nos rodean y aun las que no conocemos, merecen nuestro valor.

Valorar es cuando estimamos, apreciamos y reconocemos a las personas, sin importar sus cualidades o el beneficio que nos puedan dar.

Qué triste es ver en estos tiempos, que hay personas que para otros han perdido su valor y son maltratados en todo el sentido de la palabra, hasta el punto inclusive de quitarles la vida.

Por ejemplo, amigos que no se valoran y llegan al punto de la traición.

Esposos y esposas que tampoco se valoran por no aceptar sus diferencias y defectos.

Hijos que no valoran a sus padres porque ellos no les cumplen sus caprichos.

En nuestras sociedades sucede también que hay personas que, si no pueden beneficiarse de alguien, entonces lo desechan.

Otro ejemplo es que si no te conozco entonces te juzgo por tu apariencia, y si tu apariencia no cumple mis requisitos entonces simplemente volteo mi cara y no existes para mí. En fin, la lista de ejemplos es larga.

Lo que me asombra es con la facilidad que alguien pierde importancia para el otro por cualquier cosa.

A todo lo largo de Su ministerio, una de las características de Jesús, nuestro Salvador, fue como valoró a todos y cada uno de forma especial, aun sabiendo sus defectos. Él permitió que todas las personas sin excepción se les acercaran, que todos tuvieran acceso a Él.

El valor a los demás implica no exigir nada a cambio, es querer desde el corazón desarrollar y cultivar el amor necesario para otra persona sin tomar en cuenta lo que ella pueda entregarme a mí.

“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. …” Efesios 2:3-4 (NBLA)

Si Jesús se caracterizó por su humildad aun siendo el hijo de Dios y por lo tanto superior a nosotros, cuanto más nosotros debemos ser igual a Él, aún más, ¡sabiendo nuestros propios defectos que son muchos! Vamos a examinarnos y veremos cómo somos en realidad.

Jesús nos mostró siempre su desacuerdo en que las personas no fueran valoradas, aunque no tuvieran “nada” que “dar”. Nos enseñó que todos los seres humanos valen por sí mismos, por el hecho de que son personas creadas por Dios.

En el evangelio de Mateo capítulo 22 versículo 39, Jesús hablando de los dos mandamientos, dijo “…Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu prójimo como a ti mismo.” 

¡Este versículo es grande, imaginemos amar a alguien como nos amamos a nosotros! ¿Cómo puede suceder eso? ¿Es acaso posible? ¡¡Si lo dijo Jesús, es posible!!

Ejemplos de Jesús tenemos en las Escrituras:

1. En la parábola del hijo pródigo, en Lucas 15 del 11 en adelante, Jesús nos enseña a valorar a los miembros de nuestra familia, aunque hagan cosas no muy agradables.

3. Las sanidades que Jesús realizó a muchas personas en días en donde “supuestamente no se permitía hacer milagros”, nos habla también del valor a las personas.

3. Me conmueve leer en las Escrituras que las ofrendas que más tuvieron importancia en las enseñanzas y parábolas de Jesús, fueron dadas por personas “simples e insignificantes”. ¡Estas ofrendas fueron recibidas en los cielos! Esto también nos habla del valor a las personas, que no radica en lo que tienen y pueden dar.

4. Jesús valoró más en su enseñanza de la parábola, la oración del publicano en Lucas 18:10-14 en adelante. Esta oración fue sencilla y llena de arrepentimiento, en vez de la del fariseo.

5. Para muchos, la niñez es insignificante, pero Jesús la valoró hasta exaltarla y dijo que el que no fuera como un niño, no entraría al reino de los cielos, Etc.

Jesús conocía los defectos de las personas, y los amaba. También conocía sus virtudes, y los amaba.

Siendo aún pecadores, su acto cumbre de amor y valor hacia la humanidad fue demostrado en la Cruz del Calvario. 

De todas estas enseñanzas que nos dejó nuestro Salvador, nos queda aprender y empezar a tomar en cuenta Su ejemplo.

Aprendamos a valorar y aceptar a los demás. No despreciemos ni hagamos acepción de personas, ni por estatus económico, ni su color de piel, ni su apariencia física, ni siquiera por los conocimientos, si los tiene o no.

Recordemos, es importante también enseñarles a nuestros hijos que cada ser humano es valioso y merece amor, respeto y aceptación.

¡Te invito a que hagas un ejercicio en el día de hoy! Declárale, confiésale amor y aceptación de alguna manera a dos o tres personas que te rodeen al momento de leer este escrito, es muy seguro que serás más feliz que ayer!  

En Cristo,

Yicell

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